Las moscas suben al metro a las 8.40h de la mañana. Y no podía esperarse menos de ellas: ceden el paso y retrasan su entrada hasta cerciorarse de que todos han entrado. Me pregunto dónde se bajarán... creo que van dirección a la playa porque el tiempo, aunque invernal, acompaña a un paseo matutino. Yo también iría.
En el interior del vagón, una lágrima negra se muestra bajo los ojos cerrados; todavía es demasiado pronto para dejarlos salir. Y en ella me quedo dando vueltas, sea por el vaivén del vehículo, sea porque jamás había visto una tan cerca. Parezco una niña pequeña atrapada en la curiosidad del mundo mayor. Sólo que ahora debo hablar en términos de decoro y disimulo para no navegar en la desvergüenza de una mirada limpia. Ojalá no me hiciera mayor.
Fin de trayecto, salida al aire frio de la calle. Subir la cremallera de la chaqueta, arreglarse el pelo en el reflejo rápido del ascensor y pensar qué no voy a pensar hoy. A decir verdad, no recuerdo que soñé esta mañana, lo que significa que deshice todo lo dicho. (...) Sabría de antemano mis predisposiciones (...).
martes, 22 de enero de 2008
miércoles, 9 de enero de 2008
esperaba otro momento
domingo, 6 de enero de 2008
hablando sola
No decir
no sentir
no querer
no seguir
no mirar
no ver
no sonreir
no sufrir
no tocar
no mostrar
No.
¿Hay alguien que sueñe con lo contrario?
¿Hay alguien que diga que quiere lo contrario?
¿Hay alguien que diga, simplemente que diga lo contrario?
Ojalá el mutismo ajeno no significara siempre la constatación de lo obvio.
Y el enfado no siguiera a un exceso de falta.
¿Falta de qué? A eso, queridos, no debo responder.
Sería dar demasiado. Y, a mí, sin quererlo, se me agotan las existencias.
no sentir
no querer
no seguir
no mirar
no ver
no sonreir
no sufrir
no tocar
no mostrar
No.
¿Hay alguien que sueñe con lo contrario?
¿Hay alguien que diga que quiere lo contrario?
¿Hay alguien que diga, simplemente que diga lo contrario?
Ojalá el mutismo ajeno no significara siempre la constatación de lo obvio.
Y el enfado no siguiera a un exceso de falta.
¿Falta de qué? A eso, queridos, no debo responder.
Sería dar demasiado. Y, a mí, sin quererlo, se me agotan las existencias.
martes, 1 de enero de 2008
recuperar la memoria
domingo, 30 de diciembre de 2007
Capítulo II
(...)
Sin lo otro, no hay yo.
Sin el yo, nada se manifiesta.
Sí, cerca estamos del origen,
pero desconocemos el Aquello
que todo lo hace y lo comienza.
Quizás haya un Dueño verdadero:
ninguna traza hay de su existencia.
Real, pero invisible.
Creemos en sus actos
aunque no vemos su figura.
De los cien huesos de que un cuerpo se compone,
de los nueve orificios, de las seis vísceras,
¿cuál es el más amado?
¿Se les ama a todos por igual?
¿Hay alguna preferencia?
¿Son todos ellos súbditos?
¿O se alternan en su poder
como servidor y soberano?
¿Hay entre ellos un Dueño verdadero?
Aunque lo hubiera,
nuestra ignorancia de él,
nuestro conocimiento de él
no afectarían en nada a su auténtica Verdad.
Cuando una forma nos ha sido dada,
persiste hasta que la vida se agota.
Nos cortamos con el filo de las cosas.
Nos evitamos mutuamente.
Veloces como caballos galopando.
Incontenibles. ¿No es una lástima?
Esforzarse sin ver el fruto del trabajo.
Agotarse y no saber a dónde regresar.
¿No es triste?
Ser inmortales, ¿para qué?
El cuerpo se corrompe,
así también el espíritu.
¿Podemos negar ese inmenso dolor?
¿La vida del hombre es tan absurda?
¿O es que soy el único que lo piensa,
yo, el más absurdo de entre todos?
Zhuang Zhou
Sin lo otro, no hay yo.
Sin el yo, nada se manifiesta.
Sí, cerca estamos del origen,
pero desconocemos el Aquello
que todo lo hace y lo comienza.
Quizás haya un Dueño verdadero:
ninguna traza hay de su existencia.
Real, pero invisible.
Creemos en sus actos
aunque no vemos su figura.
De los cien huesos de que un cuerpo se compone,
de los nueve orificios, de las seis vísceras,
¿cuál es el más amado?
¿Se les ama a todos por igual?
¿Hay alguna preferencia?
¿Son todos ellos súbditos?
¿O se alternan en su poder
como servidor y soberano?
¿Hay entre ellos un Dueño verdadero?
Aunque lo hubiera,
nuestra ignorancia de él,
nuestro conocimiento de él
no afectarían en nada a su auténtica Verdad.
Cuando una forma nos ha sido dada,
persiste hasta que la vida se agota.
Nos cortamos con el filo de las cosas.
Nos evitamos mutuamente.
Veloces como caballos galopando.
Incontenibles. ¿No es una lástima?
Esforzarse sin ver el fruto del trabajo.
Agotarse y no saber a dónde regresar.
¿No es triste?
Ser inmortales, ¿para qué?
El cuerpo se corrompe,
así también el espíritu.
¿Podemos negar ese inmenso dolor?
¿La vida del hombre es tan absurda?
¿O es que soy el único que lo piensa,
yo, el más absurdo de entre todos?
Zhuang Zhou
jueves, 27 de diciembre de 2007
flores que morirán
miércoles, 26 de diciembre de 2007
¿quién interpreta a quién?
Océano
¿Es que ignoras acaso, Prometeo
que el odio es mal que las palabras curan?
Prometeo
Cuando se ablanda el corazón a tiempo
sin violentar el mal que está inflamado.
Océano
¿Tú crees que es nocivo que alguien trate
de cuidarse de ti? Aclara mis dudas.
Prometeo
Es inútil trabajo y candor vano.
Océano
Déjame padecer esta dolencia,
que es ganancia, y no poca, el ser sensato
y parecer, en cambio, un insenstato.
Prometeo encadenado, Esquilo
(El cuaderno se marcó al escribir este fragmento. Y en los dibujos posteriores, la huella de estas palabras suena como la frase de un apuntador).
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