
Miro al suelo y recuerdo las baldosas recién fregadas, indicio primero del inminente cierre.
Es tarde para extenderse en el café pero da tiempo a un último sorbo, acompañado de un dulce que nos regalan;
puede que sí, puede que por eso sea más dulce.
Van a cerrar, y nos lo anuncian con una sonrisa.
Pero quiero quedarme, le contestaría... sólo me sale una mueca como respuesta a su petición.
Es tarde, le veo en los ojos y ante eso, recojo mis pasos, le devuelvo la sonrisa y me guardo otra ventana más para mañana.