lunes, 15 de diciembre de 2008

inundaciones


Tidal Pools
Jason Orton




Todo en ella se había desbordado;
su cabeza, su cuerpo, sus propios límites
ya no eran tan diáfanos como antaño.
Esta vez, el mar no le devolvió
consuelo.

domingo, 14 de diciembre de 2008

un ramo de flores

Me quedé dormida en su hombro. La tarde avanzaba tranquila, no teníamos prisa por seguir nuestro paseo de aquella tarde de octubre. Y esperamos un nuevo impulso que nos invitara a continuar, en aquella plaza perdida al otro lado del canal.
Me recordaba al viejo barrio de unos parientes de mi madre, donde desaparecieron tantas horas de mi infancia sin convertirse en pasado. No lo recordaba por las construcciones, claramente más señoriales, de siglos caducos que se empeñan en perpetuarse a pesar nuestro, sino por el aire extrañamente familiar que ofrecía. Creo que eran esos altos pinos mediterráneos franqueando la vista hacia el cielo, y dejando a duras penas un resquicio por el que se filtrara el sol. Era esa amplitud, el olor a tierra húmeda, a rastrojos de hierba desordenada esparcida entre las piedras, a bancos verdes de hierro frio ya demasiado viejos pero capaces aún de invitarte al asiento sólo por una cuestión de nostalgia. Era el silencio roto de los gorriones, del viento otoñal, de la somnolencia inquebrantable de la sobremesa.
Me quedé dormida sobre su hombro. Con pereza, abrí los ojos y con pesadez observé la plaza frente a mí. Todo seguía igual que hacía unos minutos. Todo menos un banco situado a nuestra derecha, en uno de los laterales de la plaza. Un hombre solo había tomado asiento. En su regazo, un ramo de flores. En su muñeca, un reloj que debía dar la respuesta esperada. Todavía no, parecí entender.
Me relevó en el sueño, ahora su cabeza en mi regazo, mientras yo seguía atenta los movimientos de aquel extraño compañero de espera. Pasaban los minutos, el ramo pasó al asiento del banco, sus piernas se cruzaban y descruzaban sin cadencia ni regla alguna y yo buscaba en las entradas de aquella plaza la posible mujer que daría comienzo a una cita, a un encuentro pactado de antemano. Cómo sería, su aspecto, su edad, la reacción de él al verla llegar, cómo relajaría el rostro tenso tras largos minutos de nervios y dudas, ¿se atolondraría?, ¿matendría el tipo? Me pudo la curiosidad y pedí que aquella mujer llegara antes de que tuvieramos que reanudar nuestro paseo.
El reloj volvió a consultarse por quinta o sexta vez. Nadie. Su cabeza giró a izquierda y a derecha sin reconocer. Volvió a mirar hacia delante, al suelo, de nuevo a un lado y a otro. Nadie. Él se despertó, le pedí aguardar un rato más tras explicarle lo sucedido y me acompañó en la vigilancia. Nos quedamos en silencio.
La respuesta del reloj no llegó. Recogió el ramo, se levantó despacio mirando una última vez a izquierda y derecha, y giró sobre sí mismo para emprender la marcha. En su camino, se cruzó con tres contenedores que vieron como el ramo de flores caía en su interior, mientras nosotros observamos con el estómago encogido a aquel hombre que se perdía tras la esquina de una plaza cualquiera de Florencia.

sábado, 29 de noviembre de 2008

nieve


Chicago, 1950
Harry Callahan



hace frio.
busco mis pisadas en el suelo.
olvidemos la época.

viernes, 28 de noviembre de 2008

día rojo

No sé si gritar sin pausa
o esperar sentada frente a la pared,
ahora que la casa está en silencio.

Nada.
El calentador vuelve a encenderse
en un esfuerzo inútil por dar calidez
a esta casa. Simula cierta novedad,
como si algo cambiara...

Huele a pintura húmeda
a frio de noviembre por la noche
a polvo acumulado
a la ropa usada de hoy.
Hacía frio y no transpiró.



pero hoy... (h..) ... hoy...
(...)

no quería estar sola.

Todavía no encuentro una explicación
ni el porqué de esto. Había un motivo? No lo sé.
"Debo cuidar mi salud",
pensé el otro día, cuando la tristeza me sacudió el cuerpo,
durmiéndolo por partes, primero una, después la otra.
Sí, debo cuidar mi salud (mi abuela acierta con la sentencia que sigue. La recordaré por eso).

Pero sigo sin entender porqué.
Conclusión: me superan los días rojos.

jueves, 27 de noviembre de 2008

little

Victoria Coach Station, London
David Savill


... esa sensación de ser una niña pequeña, en medio
de la nada, en medio de nadie,
con las maletas siempre en la mano, a un lado,
por si acaso... sí, tal vez para irme, quién sabe
si para permanecer o pertenecer...
... a veces me pregunto cuándo acabaré el viaje...

... el viaje...

viernes, 21 de noviembre de 2008

viniendo de otros tiempos

(...)

Just...

Give me a reason to love you
Give me a reason to be ee, a woman
I just wanna be a woman

From this time, unchained
We're all looking at a different picture
Thru this new frame of mind
A thousand flowers could bloom
Move over, and give us some room

Give me a reason to love you

(...)


Glory box, Portishead.

viernes, 7 de noviembre de 2008

cuando el silencio es lo único imprescindible


USA. New York City. 1953
Elliott Erwitt


Saltando de un sitio a otro, dejándome llevar por el más puro placer de mirar, he llegado a los archivos de Magnum y aquí me he quedado. No voy a decir nada, porque simplemente no es necesario.