"¿Qué estoy haciendo?", me pregunto en el mismo instante en que está ocurriendo.
"¿Dónde están las palabras?", me grito a mí misma mientras el silencio se expande en la habitación.
Mis ojos hablaban, amenazaban, gritaban con rabia aquello que no salía de otra manera. Se me preguntaba, y yo respondía que no, y dos veces que no.
Y se fue... Y yo me quedé conmigo: con el silencio.
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